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Iglesias-cuevas escondidas tras montañas de basura

Al dejar la ciudadela de Saladino a un lado, nos adentramos en un suburbio de polvorientas calles sin asfaltar, llenas de boquetes, atestadas de basura y bidones en llamas…

naturaleza

Era mi tercera visita a Egipto. En mi búsqueda incansable de lugares inusuales había encontrado “la ciudad basura” en el Cairo. Aunque mi hambre de explorar me invitaba a ir, acabó muy abajo en mi lista de prioridades.

Era un bonito día de marzo, me desperté con el ruido de las obras de la calle desde mi apartamento en Zamalek. Hoy tenía previsto visitar el monasterio de San Simón el Tanner y la iglesia excavada en la montaña de Mokattam que le fue dedicada. De allí iría a comer al palacio de un príncipe egipcio situado en una de las islas del Nilo, que mi amiga Anni me había organizado.

En la parte trasera de un coche un poco destartalado, con las ventanas abiertas a causa del calor y la falta de aire acondicionado y, sin poder entablar conversación con el conductor, ya que apenas hablaba inglés, me quedé ensimismada en mis pensamientos. Pero el cambio abrupto de entorno me hizo volver a la realidad.

Al dejar la ciudadela de Saladino a un lado, nos adentramos en un suburbio de polvorientas calles sin asfaltar, llenas de boquetes, atestadas de basura y bidones en llamas. Cuyos edificios hubiese pensado que estaban a punto de la demolición de no ser por la ropa tendida en los huecos sin ventanas. Desconfiada, miré al conductor a través del retrovisor central y comprobé que estaba tan sorprendido como yo.

Sin quererlo, había acabado atravesando la ciudad de los Zabbaleen o recolectores de basura. Esta ciudad basura es actualmente hogar de unas 20.000 personas, la mayoría de ellos Cristianos Coptos. Allí se respira decadencia. Se saborea suciedad. Pero no siempre fue así. Una vez los Zabbaleen (en 1940) fueron granjeros procedentes del norte de Egipto, que emigraron al sueste del Cairo por necesidad. Pero la basura daba más dinero y pasaron de granjeros a recolectores de basura, con la esperanza de una mejor vida. Sin ser conscientes que esa decisión se la acortaría. Enfermedades como el tétanos, empezaron a acabar con la vida de sus hijos.

El desolador paisaje, el turbulento recorrido y el intenso tráfico, hizo que el camino se me antojara eterno. Tan solo un arco de piedra, situado en una recóndita calle, separaba aquel insalubre paraje de la que es una de las iglesias cristianas más grandes de Oriente medio y lugar de peregrinación.

Y nada más llegar mi intuición me dijo que no me iba a ser fácil salir de allí. A pesar de intentar por todos los medios que el joven conductor me esperase una hora, no sé si fue la falta de entendimiento o la desalentadora zona, lo que hizo que saliera despavorido, abandonándome a mi suerte.

El Monasterio de San Simón El Tanner es un complejo de siete iglesias excavadas en la montaña. Entre las que se encuentran la catedral de la Virgen María y St. Samaan, la iglesia de St. Marcus y la iglesia de St. Bola. De todas ellas cabe destacar, el impresionante anfiteatro de la catedral de la Virgen María, con sus filas semicirculares de asientos de madera y hierro y grandes tallas esculpidas en las paredes de la roca.

Tras visitar este escenario de leyendas milagrosas, intenté volver tal y como había venido.  Presencié estupefacta como un conductor tras otro cancelaba mi recogida al adentrarse en la poco visitada ciudad basura. No fue hasta pasados 40 minutos y, tras casi suplicar al único conductor que parecía hablar inglés, que emprendí el camino de vuelta.

Por lo que recorrer el Cairo en uber, no siempre es lo más conveniente. A pesar de ser mi medio preferido.

Si quieres conocer más sobre mis experiencias o necesitas consejos para organizar tu evento o viaje a Egipto, suscríbete o pregúntame.

Con la mejor de mis sonrisas,

Carmen.

2020-02-09T09:55:57+00:00

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