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3 experiencias en Uber en El Cairo

zoco

…es bastante fácil moverse en Uber en El Cairo, salvo algunas excepciones…

naturaleza

Ritual de espera de un Uber.

Aquí estoy de nuevo. Parada en la acera, móvil en mano, concentrada en descifrar si los números de la matrícula del Uber que aparecen en la app y los de la placa del coche, que están en caracteres árabes, son los mismos.

̶ ¿Uber?  ̶ me preguntan desde el coche que se acaba de detener frente a mí. Miro la app. Indica que faltan 5 minutos para que llegue.  ̶ ¿Será que no es tan precisa? ¿Será verdad que el gobierno boicotea la señal?  ̶ pienso. La marca del coche tampoco me ayuda, aquí son marcas raras.

̶ Your name?  ̶ Le pregunto cómo se llama.

 ̶ Mohammed  ̶ Responde.

El 90% de los egipcios se llaman Mohammed. Por suerte, esta vez mi conductor se llama Youssef.

̶ La  ̶ le digo no en árabe mientras agito mi mano indicando que se largue. Se queda un rato mirándome y al final se marcha.

Por lo demás, es bastante fácil moverse en Uber en El Cairo, salvo algunas excepciones.

Excepción 1: Desde Khan El Khalili al atardecer.

La dificultad para conseguir un Uber en Khan El Khalili, el zoco más famoso de El Cairo, es directamente proporcional a la oscuridad del día. Al caer el sol, a medida que se encienden las lámparas de colores de las tiendas del zoco, las ruedas de los coches se paran. En la pantalla de mi móvil, el cuadradito negro permanece inmóvil. Cada 5 segundos actualizo la app. Quince minutos más tarde siguen faltando 7 minutos para la llegada. Creo que el cuadrado se movió unos milímetros en mi pantalla.  ̶ Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma irá a la montaña  ̶ pienso. Camino 500 metros hacia la derecha. Vuelvo sobre mis pasos. Lo intento hacia la izquierda. Todo está colapsado. El tráfico en el sentido contrario es más liviano. Atravieso por el túnel peatonal hacia el otro lado. Espero 10 minutos frente a la mezquita de al-Azhar. Mismo ritual de espera, me monto y nos vamos. Lección aprendida. De nuevo iré a Khan El Khalili al atardecer, pero la próxima vez volveré desde el otro lado.

Excepción 2: Para volver del Monasterio de San Simón el Tanner o iglesia-cueva.

La ventanilla de mi lado está bajada. En El Cairo los Ubers no suelen tener aire acondicionado. Es la segunda vez que pasamos por esta carretera. Esta vez, en lugar de seguir recto giramos a la derecha. En un acto reflejo busco el móvil en mi bolso   ̶ ¿Se habrá equivocado? ¿Me estará raptando?  ̶ pienso. Mientras compruebo aliviada que seguimos la ruta, como si estuviésemos en una carretera fuera de pista, mi cuerpo comienza a dar tumbos de lado a lado. Un extraño olor nos invade. Alzo la vista y subo la ventanilla apresuradamente. Frente a nosotros edificios de ladrillo medio derrumbados. A la derecha puertas bloqueadas por montones de sacos. A la izquierda bidones en llamas. No sabía que para ir a la iglesia-cueva había que atravesar la ciudad basura.

Finalizo la visita de la iglesia-cueva y camino hacia el arco de piedra que separa lo insalubre de lo sagrado. Tres, cuatro, cinco veces… cuando parece estar cerca, cancela… 10, 15, 30, 40 minutos… y yo sigo aquí… Los pocos mini-buses turísticos se alejan. Todavía quedan cuatro horas para que anochezca. Los guardias de seguridad me invitan a tomar asiento en una silla de plástico de Coca-Cola. Se ofrecen a hablar con el próximo Uber que acepte mi solicitud. Hablan en árabe, no les entiendo. Cada 5 minutos envío el mismo mensaje suplicante «No canceles por favor, nadie quiere venir a buscarme». Ya está aquí, creo que nunca me he sentido tan feliz de ver aparecer a un Uber.

Si quieres conocer más sobre mis experiencias en Egipto, suscríbete o pregúntame.

Con la mejor de mis sonrisas,

Carmen.

zoco

…es bastante fácil moverse en Uber en El Cairo, salvo algunas excepciones…

naturaleza

Ritual de espera de un Uber.

Aquí estoy de nuevo. Parada en la acera, móvil en mano, concentrada en descifrar si los números de la matrícula del Uber que aparecen en la app y los de la placa del coche, que están en caracteres árabes, son los mismos.

̶ ¿Uber?  ̶ me preguntan desde el coche que se acaba de detener frente a mí. Miro la app. Indica que faltan 5 minutos para que llegue.  ̶ ¿Será que no es tan precisa? ¿Será verdad que el gobierno boicotea la señal?  ̶ pienso. La marca del coche tampoco me ayuda, aquí son marcas raras.

̶ Your name?  ̶ Le pregunto cómo se llama.

 ̶ Mohammed  ̶ Responde.

El 90% de los egipcios se llaman Mohammed. Por suerte, esta vez mi conductor se llama Youssef.

̶ La  ̶ le digo no en árabe mientras agito mi mano indicando que se largue. Se queda un rato mirándome y al final se marcha.

Por lo demás, es bastante fácil moverse en Uber en El Cairo, salvo algunas excepciones.

Excepción 1: Desde Khan el Khalili al atardecer.

La dificultad para conseguir un Uber en Khan El Khalili, el zoco más famoso de El Cairo, es directamente proporcional a la oscuridad del día. Al caer el sol, a medida que se encienden las lámparas de colores de las tiendas del zoco, las ruedas de los coches se paran. En la pantalla de mi móvil, el cuadradito negro permanece inmóvil. Cada 5 segundos actualizo la app. Quince minutos más tarde siguen faltando 7 minutos para la llegada. Creo que el cuadrado se movió unos milímetros en mi pantalla.  ̶ Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma irá a la montaña  ̶ pienso. Camino 500 metros hacia la derecha. Vuelvo sobre mis pasos. Lo intento hacia la izquierda. Todo está colapsado. El tráfico en el sentido contrario es más liviano. Atravieso por el túnel peatonal hacia el otro lado. Espero 10 minutos frente a la mezquita de al-Azhar. Mismo ritual de espera, me monto y nos vamos. Lección aprendida. De nuevo iré a Khan El Khalili al atardecer, pero la próxima vez volveré desde el otro lado.

Excepción 1: Para volver del Monasterio de San Simón el Tanner o iglesia-cueva.

La ventanilla de mi lado está bajada. En El Cairo los Ubers no suelen tener aire acondicionado. Es la segunda vez que pasamos por esta carretera. Esta vez, en lugar de seguir recto giramos a la derecha. En un acto reflejo busco el móvil en mi bolso   ̶ ¿Se habrá equivocado? ¿Me estará raptando?  ̶ pienso. Mientras compruebo aliviada que seguimos la ruta, como si estuviésemos en una carretera fuera de pista, mi cuerpo comienza a dar tumbos de lado a lado. Un extraño olor nos invade. Alzo la vista y subo la ventanilla apresuradamente. Frente a nosotros edificios de ladrillo medio derrumbados. A la derecha puertas bloqueadas por montones de sacos. A la izquierda bidones en llamas. No sabía que para ir a la iglesia-cueva había que atravesar la ciudad basura.

Finalizo la visita de la iglesia-cueva y camino hacia el arco de piedra que separa lo insalubre de lo sagrado. Tres, cuatro, cinco veces… cuando parece estar cerca, cancela… 10, 15, 30, 40 minutos… y yo sigo aquí… Los pocos mini-buses turísticos se alejan. Todavía quedan cuatro horas para que anochezca. Los guardias de seguridad me invitan a tomar asiento en una silla de plástico de Coca-Cola. Se ofrecen a hablar con el próximo Uber que acepte mi solicitud. Hablan en árabe, no les entiendo. Cada 5 minutos envío el mismo mensaje suplicante «No canceles por favor, nadie quiere venir a buscarme». Ya está aquí, creo que nunca me he sentido tan feliz de ver aparecer a un Uber.

Si quieres conocer más sobre mis experiencias en Egipto, suscríbete o pregúntame.

Con la mejor de mis sonrisas,

Carmen.

2021-03-07T20:22:00+00:00

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